Redacci贸n / esteesMichoacan.com | Morelia, Michoac谩n:
Por primera vez en la historia contempor谩nea de M茅xico los partidos no ser谩n los articuladores de la voluntad ciudadana. El oficialismo no tiene partido, sino un movimiento construido para llevar a Andr茅s Manuel L贸pez Obrador a la presidencia y una vez cumplido el cometido su tarea ha sido la de acompa帽arlo. Morena no dio tr谩nsito hacia su institucionalizaci贸n, contin煤a siendo un movimiento con una estructura dirigente que no manda y sin identidad ideol贸gica. Tampoco hay un sentido de institucionalizaci贸n de sus 贸rganos de gobierno o de direcci贸n. Todo est谩 a merced de lo que decida y resuelva el l铆der moral. Hasta las reglas para seleccionar candidato salieron de 茅l sin aportaci贸n de la organizaci贸n pol铆tica.
Como suele ser con L贸pez Obrador, se cumplen las formas en la medida de las m铆nimas necesidades legales, pero no para el ejercicio de la pol铆tica. No hay partido, gobierno ni gabinete. Como bien dice, hay encargos no cargos y las encomiendas presidenciales son un recurrente desd茅n a las formas y a la ley.
Por su parte, la oposici贸n tampoco opera como partido. La coalici贸n que conforma el Frente Amplio por M茅xico significa que los programas de los partidos pasen, al menos para el proceso electoral, a un segundo plano. La asociaci贸n del PAN con el PRI, adversarios hist贸ricos, significa que se desdibujen los programas y las posturas ideol贸gicas fundamentales. X贸chitl G谩lvez es un buen ejemplo de la manera como los partidos pasan a un segundo plano en sus posturas y planteamientos. Aunque su origen ha sido el PAN y un tanto el PRD, muchos de sus planteamientos est谩n a帽os luz del panismo y, otros, particularmente los econ贸micos, acomodan muy bien en lo que el albiazul ha luchado por generaciones.
El desdibujamiento doctrinario y program谩tico de los partidos viene de tiempo atr谩s, pero ahora es m谩s evidente y con mayor impacto. Incluso, muchos dan por v谩lido que la identidad pol铆tica de la coalici贸n encabezada por Morena es la misma de L贸pez Obrador; sin embargo, al menos tres dudas se plantean: primera, 驴c贸mo juzgar al l铆der Moral, por lo que dice o por lo que hace, que es igual a por las intenciones o por los resultados?; segunda, mucho de su actuar y de sus planteamientos como forma de ejercer poder y hacer pol铆tica es su sello personal; por lo mismo irrepetible, por ejemplo, las ma帽aneras no tendr铆an continuidad y la manera desparpajada, agresiva y de recurrente confrontaci贸n no resiste su reiteraci贸n, especialmente si quien gobierna no cuenta con el respaldo parlamentario, medi谩tico y de sometimiento de los factores de poder. Tercero, la fatiga del proceso obradorista: las finanzas p煤blicas, el insostenible deterioro de la seguridad y el agotamiento emocional de la poblaci贸n imposibilitan continuar con la polarizaci贸n como f贸rmula de ejercicio unilateral y autoritario del poder.
El Frente Amplio por M茅xico acusa la mayor de las ambig眉edades, incluso en sus propias propuestas inicio. La aportaci贸n ciudadana, valiosa para la construcci贸n de un proceso ciudadanizado de selecci贸n de candidato presidencial ha perdido impulso. La idea de gobierno de coalici贸n pas贸 al caj贸n del olvido o de la omisi贸n. Se supone que hay grupos de trabajo elaborando una oferta pol铆tica de largos alcances y s贸lidas bases a partir de la indiscutible experiencia de sus coordinadores, pero con eso no se ganan votos; adem谩s, deja fuera el tema del gobierno de coalici贸n, una experiencia 煤nica que se supone que debe ir m谩s all谩 que el de la convergencia de los tres partidos. Se trata de una propuesta in茅dita de encuentro de la pol铆tica, del gobierno y de la representaci贸n con la sociedad civil.
En el mundo del espect谩culo es natural que la atenci贸n se centre en las celebridades de la pol铆tica, especialmente en el presidente y en quienes aspiran a sucederle. Sin embargo, la realidad obliga a privilegiar el proyecto pol铆tico hacia delante, de varias coordenadas a resolver que deben ser los referentes de los programas pol铆ticos en competencia, como es cambiar el modelo de gobierno democr谩tico que surgi贸 de la transici贸n pol铆tica del siglo pasado. Entra帽a, a su vez, una revaloraci贸n de la vigencia, al menos aspiracional, de las libertades pol铆ticas, de una autoridad sujeta a contrapesos y al escrutinio p煤blico e institucional y a la transparencia. No menos relevante es si habr谩 de continuar la misma visi贸n y respuesta al crimen organizado y a la militarizaci贸n de la vida p煤blica.